Leyendas del cine mudo como Charles Chaplin, Harold Lloyd, Buster Keaton o Stan y Oli (Stan Laurel y Oli Hardy) que con sus divertidas y elocuentes historias han hecho reír a generación tras generación tienen un nexo común: todos fueron cómicos que amaban a los perros y además hicieron a éstos partícipes de muchas de sus películas adjudicándoles papeles protagonista.
El cine mudo alcanzó su mayor plenitud a finales de 1920.
Durante esos años la calidad estética de las películas superaron todas
las expectativas de directores y productos. Actores cómicos como Charles
Chaplin, Harold Lloyd, Buster Keaton o el entrañable dúo Stan y Oli
protagonizaron las mejores y más divertidas historias jamás contadas.
Las primeras comedias mudas se caracterizaban por sus divertidas
persecuciones policiales y perrunas, golpes e insólitas caídas, que
sorprendían a los propios personajes y con ellos algún que otro amigo
peludo. El cine cómico mudo estaba repleto de secuencias de
“mamporrazos”, lanzamientos de tartas, zancadillas, choque de
automóviles y ciento de situaciones ridículas y divertidas.
En la segunda mitad del siglo XIX con el invento de la fotografía y
posteriormente las aportaciones de Edison y los hermanos Lumiere nace el
Séptimo Arte. El comienzo de historias relatadas en imágenes en
movimiento, que iban acompañadas con música en directo y subtítulos que
ayudaban al espectador a comprender mejor el lenguaje visual de
entonces.
Todos estos actores protagonistas de alguna u otra manera sintieron
un vínculo especial con el perro, prueba de ello son el material
fotográfico que se puede encontrar y por su puesto su legado fílmico. Ya
fuera a través de sus películas o en su vida personal y familiar, el
perro fue uno de sus nexos en común.



