Rodolfo Valentino (Castellaneta, Italia, 6 de mayo de 1895 - Nueva York, 23 de agosto de 1926) fue un actor estadounidense de origen italiano. De nombre verdadero Rodolfo Pietro Guglielmi, el que sería sin duda la estrella cinematográfica masculina más idolatrada de la década de los 20 emigró a Estados Unidos en 1913 en busca de fortuna. Sus primeros trabajos nada tuvieron que ver con la fama, ni siquiera con el espectáculo, pues empezó a ganarse la vida trabajando como friegaplatos y jardinero (había estudiado agronomía en Italia). Posteriormente, entró en el mundo del espectáculo como bailarín de vodevil.
Rodolfo Valentino, la primera gran «estrella de cine» e icono del cine mudo, no solo levantaba pasiones en la pantalla; en su vida personal tenía una devoción absoluta por los perros. Para el galán italiano, sus caninos no eran simples mascotas, sino sus compañeros más fieles en medio del frenesí y las presiones de Hollywood.
Su perro más famoso: Kabar (un doberman legendario)
El perro más icónico de Valentino fue Kabar, un doberman pinscher que le regaló el diplomático belga Marqués del Alcázar.
Un vínculo inseparable: Valentino y Kabar eran inseparables. Viajaban juntos en tren, dormían en la misma habitación y el perro lo acompañaba a los sets de rodaje.
La leyenda del aullido: La historia más famosa sobre Kabar ocurre tras la trágica y repentina muerte de Valentino en Nueva York en 1926. Se dice que en el preciso momento en que el actor falleció en el hospital, Kabar —que se encontraba a miles de kilómetros en la residencia de Valentino en California (Falcon Lair)— empezó a aullar de forma descontrolada e inconsolable.
Una manada diversa en Falcon Lair
En su famosa mansión de Beverly Hills, Valentino llegó a tener una auténtica jauría de distintas razas. Le fascinaban los perros grandes, elegantes y de trabajo:
Galgos e Loberos Irlandeses: Le apasionaba la elegancia de los lebreles.
Gran Danés: Tuvo varios ejemplares que imponían presencia en su finca.
Pastores Alemanes y Bulldogs: Completaban su variada colección de compañeros.
Excursiones, lujo y fotografía
Valentino no escatimaba en cuidados para sus animales:
Protagonistas de sus fotos: En una época donde el aparato de publicidad de Hollywood cuidaba cada detalle, Valentino posaba constantemente con sus perros para retratos oficiales, mostrando una faceta mucho más tierno y cercana que la de «amante bandido» de las películas.
Viajes y aventuras: Amante de la vida al aire libre, los coches de lujo y la equitación, sus perros solían acompañarlo en sus escapadas al desierto o a la montaña.
El destino de Kabar tras la muerte del actor
Tras la muerte de Valentino, la custodia de Kabar pasó temporalmente a su expareja, Pola Negri, y luego a su amigo Alberto Valentini. Se dice que el animal nunca recuperó su alegría habitual y pasó el resto de sus días buscando a su dueño. Hoy en día, Kabar está enterrado en el famoso Pet Cemetery de Los Ángeles (Hartsdale / Los Angeles Pet Memorial Park), y la leyenda urbana dice que su espíritu aún vaga cerca de su tumba.















