lunes, 31 de agosto de 2020

Y EL HOMBRE CREÓ AL PERRO


Es una tarde inusualmente cálida de mediados de febrero en Nueva York, pero el vestíbulo del Hotel Pennsylvania está lleno de abrigos de piel. Los visten los asistentes a la que sin duda es la convención canina más exclusiva del mundo, que tiene lugar todos los años la víspera de la exposición canina del Westminster Kennel Club, organizada por la famosa sociedad canina estadounidense. Como cada año, los mejores perros del país, de 173 razas distintas, se disputarán la gloria al otro lado de la calle, en el Madison Square Garden. Este primer día de convención es tan solo una primera toma de contacto entre invitados cuadrúpedos, cuyos dueños avanzan en la cola de la recepción para registrarse en el hotel oficial del concurso. Desde un carrito portaequipajes, un basset hound observa con su mirada triste a un terrier nervioso. Dos musculosos perros crestados rodesianos, con correas de cuero a juego, se detienen brevemente para saludar a un peludo pastor de los Pirineos. A la puerta de la tienda de regalos, un dogo del Tibet y un pug se olisquean mutuamente.


Fans de una raza determinada

La variedad que se observa en el vestíbulo del hotel –un impresionante surtido de tamaños corporales, formas de orejas, longitud de hocicos y tonos de ladridos– es lo que hace que los amantes de los perros sean tan fans de una raza de­­terminada. Por motivos tanto prácticos como caprichosos, el mejor amigo del hombre ha sido sometido a una evolución artificial que lo convierte en el animal más variopinto del planeta, un logro asombroso si tenemos en cuenta que la mayor parte de las razas caninas existentes, entre 350 y 400, no tienen más de dos siglos de antigüedad.


Los criadores modificaron el proceso evolutivo combinando los rasgos más dispares mediante el cruce de perros con características diversas y después seleccionando para la reproducción las crías que en mayor medida parecían mostrar los atributos deseados. Por ejemplo, para crear un perro que acorralara tejones, se cree que cazadores alemanes de los siglos XVIII y XIX cruzaron sabuesos (probablemente el basset, nativo de Francia) y terriers, lo que produjo el teckel, una nueva versión del perro paticorto y rechoncho capaz de cazar a su presa en la madriguera; de ahí su nombre alemán: dachshund, «perro tejonero». La piel elástica le permitía soportar los mordiscos de los afilados dientes de sus presas, mientras que el rabo, largo y robusto, era perfecto para que los cazadores tirasen de él y lo sacaran de la madriguera con el tejón en la boca.


Naturalmente los criadores no pensaron que al crear estos nuevos perros estaban manipulando los genes que determinan la propia anatomía canina. Desde entonces para los científicos era obvio que tal diversidad morfológica entre los perros se debía a que existe una riqueza equivalente en su variabilidad genética. Sin embargo, el reciente auge de la investigación en genómica canina ha conducido a una conclusión sorprendente y del todo opuesta: la enorme variedad de formas, colores y tamaños está determinada en gran medida por modificaciones que afectan apenas a un puñado de regiones genéticas. La diferencia de tamaño entre el pequeño teckel y el gigantesco rottweiler depende de la secuencia de un único gen; así como la de otro determina la disparidad entre sus patas cortas y gruesas (enanismo desproporcionado o condrodisplasia) y las extremidades finísimas del galgo.


Lo mismo puede decirse para todas las razas y para la mayoría de los rasgos físicos que las caracterizan. En el proyecto de investigación CanMap, una iniciativa en la que colaboran la Universidad Cornell, la Universidad de Cali­fornia en Los Ángeles (UCLA) y los Institutos Nacionales de Salud (NIH), los investigadores muestrearon el ADN de más de 900 perros de 80 razas diferentes y el de cánidos salvajes como lobos y coyotes. Descubrieron que la talla, la lon­gitud y el color del pelo, la forma del hocico, la posición de las orejas y otros rasgos que se conjugan para definir la fisonomía de una raza están determinados por apenas unas 50 mutaciones genéticas.

El pug Oakley (en primer término) y el San Bernardo Little Dude dan fe de la diversidad morfológica de su especie. Si entre los humanos hubiese tal variedad de estatura, el más bajo apenas superaría los 50 centímetros y el más alto mediría 9,50 metros.

La diferencia entre unas orejas caídas y otras erguidas nace de una única región genética en el cromosoma canino 10, o CFA10. La piel arrugada de un shar pei está localizada en otra región, la HAS2. ¿Y la cresta de pelo erizado sobre la espina dorsal del crestado rodesiano? Deriva de una mutación en la CFA18. Bastan unas pocas mutaciones genéticas para que el teckel se convierta en dóberman, mientras que algunas otras transforman a un dóberman en un dálmata.


¿Por qué hay tantos tipos de perros?

«Lo que se está deduciendo de los estudios es que la diversidad de los perros domésticos de­­pende de un reducido número de variaciones genéticas», dice el biólogo Robert Wayne.

Cuando los artículos periodísticos hablan de «el gen» del pelo rojo, el del alcoholismo o el del cáncer de mama dan la falsa impresión de que la mayoría de los rasgos están determinados por un solo gen, o como mucho por unos pocos. En realidad la genética que determina la morfología canina es una absoluta aberración de la naturaleza, donde una característica física o una enfermedad suelen ser el resultado de una compleja interacción de muchos genes, cada uno de los cuales hace su propia contribución. La estatura de un humano, por ejemplo, depende de la interacción de unas 200 regiones genéticas.


Entonces, ¿por qué los perros son un caso aparte? ¿Por qué son tan diversos entre sí? La respuesta, dicen los investigadores, está en su atípica historia evolutiva. Los canes fueron los primeros animales en ser domesticados por el hombre, un proceso que se inició hace entre 20.000 y 15.000 años, probablemente cuando los lobos comenzaron a buscar alimento en torno a los asentamientos humanos. Los expertos discrepan a la hora de calibrar hasta qué punto el ser humano intervino en la siguiente fase, pero con el tiempo, cuando empezó a usar a los perros para cazar, guardar la casa y tener compañía, la relación era ventajosa para ambas especies.


Al amparo de los riesgos y dificultades que supone la naturaleza en estado puro, en la que sobrevive el más válido, aquellos perros semido­mesticados medraron pese a presentar mutaciones genéticas perjudiciales (como, por ejemplo, ser paticortos) que los hubieran conducido a la extinción en poblaciones salvajes más pequeñas.


Miles de años después, los criadores echaron mano de esa materia prima tan diversa para crear las razas modernas. Para obtener el perro deseado seleccionaban las características que buscaban entre múltiples razas, o intentaban replicar rápidamente las mutaciones en una raza determinada. También favorecían lo novedoso, pues cuanto más se distinguiera una estirpe canina de otra, más probable era que se granjease el re­­conocimiento oficial como nueva raza. Esta se­­lección artificial tendía a favorecer genes únicos y de gran impacto, con lo cual las características de la raza se consolidaban con una rapidez a la que jamás podrían aspirar grupos de genes de influencia más modesta.


Un descubrimiento clave

Este descubrimiento tiene implicaciones que los científicos empiezan a descifrar, en primer lugar para la comprensión de los trastornos ge­­néticos humanos. En estos momentos ya se han identificado más de cien enfermedades caninas relacionadas con mutaciones en genes concretos, y muchos de ellos tienen su equivalente humano. Tras esas dolencias puede haber toda una serie de mutaciones que se traduzcan en una predisposición a padecerlas, igual que sucede con los humanos. Pero como los perros han sido «aisla­dos», genéticamente hablando, en razas que han evolucionado a partir de unos pocos individuos originales, cada raza presenta un número mucho más reducido de genes alterados (a menudo uno, dos como máximo) responsables de la patología. Por ejemplo, los investigadores de Cornell que estudian la retinosis pigmentaria, una enfermedad ocular degenerativa que afecta tanto a perros como a personas, han descubierto que podría estar causada por 20 genes caninos diversos. Pero el hecho de que el gen responsable no sea el mismo en los schnauzer que en los caniches ha dado pistas a los investigadores y les ha abierto el camino para la investigación en los seres humanos. Mientras tanto, gracias a un estudio reciente sobre un tipo raro de epilepsia en los teckels, se ha identificado la que parece ser una firma genética única, que podría arrojar luz también sobre la versión humana de la enfermedad.


En resumen, cuando los criadores victorianos seleccionaban perros solo para satisfacer sus gustos, estaban creando poblaciones genéticamente aisladas sin imaginar que en el futuro resultarían muy útiles para la investigación científica. Las posibilidades son especialmente prometedoras en el campo de la oncología; ciertos tipos de cáncer pueden aparecer hasta en un 60 % de los individuos de algunas razas caninas, pero solo en uno de cada 10.000 humanos.
«Nosotros hacemos genética, pero el trabajo de campo lo han hecho los criadores», dice Elaine Ostrander, estudiosa de la evolución y las en­­fermedades caninas en el Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano de los NIH.


Una categoría de rasgos que hasta ahora se ha resistido al análisis de CanMap es la conducta. Hasta el momento solo ha sido posible identificar una única mutación genética que afecte al comportamiento: la versión perruna del gen del trastorno obsesivo-compulsivo en los humanos, capaz de hacer que un dóberman se lama la piel obsesivamente hasta sangrar. Características co­mo la lealtad, la tenacidad o el instinto de pas­toreo tienen claramente una base genética, pero también pueden verse afectadas por factores co­­mo la nutrición o la presencia de niños en la casa, lo cual complica su cuantificación de cara a un estudio. Con todo, dice el genetista de Stanford Carlos Bustamante, «tenemos las mismas posibilidades, si no más, de comprender el comportamiento de los perros que el de otros animales». Al fin y al cabo, observa, hay millones de amantes de los perros que están encantados de poner su experiencia al servicio de la investigación.



Fotos de Robert Clark






















domingo, 30 de agosto de 2020

DOS TIPOS DIFERENTES DE PIGMENTO


La clave para comprender la genética del perro es simplemente esta: hay dos tipos de pigmentos que crean el color del pelaje en los perros (y en la mayoría de los demás mamíferos). El pigmento es lo que le da a cada hebra de cabello su color, como el pigmento en la pintura o el tinte, o el pigmento en tu propio cabello o piel. Todos los colores y patrones del pelaje en los perros son creados por estos dos pigmentos, que son ambas formas de melanina. Cada uno de los pigmentos tiene un color "predeterminado" y luego puede ser modificado por varios genes.



La melanina juega un papel importante en el color de casi todos los animales, incluso los humanos. La piel humana oscura tiene una mayor densidad de melanocitos (células pigmentarias que producen melanina) y la piel humana clara tiene una densidad menor (o en algunos casos los melanocitos son defectuosos, lo que reduce la cantidad de pigmento que producen).


Los tonos de la eumelanina: negro

Eumelanina

La eumelanina es, por defecto, un pigmento negro, como el Poodle de arriba. Todas las áreas negras en un perro son causadas por células que producen eumelanina. Sin embargo, hay genes que convierten la eumelanina en otros colores: hígado (marrón), azul (gris) o isabella (un marrón pálido polvoriento). Si un perro tiene alguno de los genes para convertir su eumelanina negra en hígado, azul o isabella, se cambiará todo el negro de su pelaje. Esto se debe a que estos genes restringen y/o alteran la producción de eumelanina, por lo que ninguna de las células puede producir pigmento de fuerza completa. Llamamos a los perros azules e isabella "diluidos" por este motivo.


Los tonos de la eumelanina: azul

Además de encontrarse en el pelaje, la eumelanina está presente en otras partes del perro que necesitan pigmento, sobre todo en los ojos (iris) y la nariz. La nariz será negra, hígado, azul o isabella según el tipo de eumelanina que pueda producir el perro. El color del iris es producido por capas de pigmento, y los ojos marrones como la mayoría de los perros (y como muchas personas también) son causados ​​por la eumelanina negra en esas capas. Cuando un perro ha alterado/restringido la producción de eumelanina, el iris tampoco puede producir eumelanina sin diluir. Esto significa que el pigmento oscuro en el ojo se vuelve más claro y los ojos se vuelven de un color marrón claro, conocido como ámbar u dorado. Este no es realmente un color que encontramos en los iris humanos, pero lo más cercano que tenemos son los ojos color avellana, que son una mezcla de verde y marrón, por lo que parecen más claros que los ojos marrones normales.


Los tonos de la eumelanina: isabela

Esto muestra la variación de color de la eumelanina. El negro es el predeterminado, luego puede convertirse en hígado por un conjunto de genes, y el negro y el hígado pueden convertirse en azul o Isabel por otro conjunto de genes. El azul es negro diluido e isabella es hígado diluido. Sin embargo, el hígado en sí no es técnicamente un diluido y es causado por un cambio en la estructura del pigmento.


Los tonos de la eumelanina: hígado

Cuando hablamos de perros que son "pigmentados de negro", "pigmentados de hígado", etc., queremos decir que es el color de la eumelanina que el perro puede producir. A veces, estos perros no tienen eumelanina en absoluto en sus pelajes (las células de su piel producen sólo el otro tipo de pigmento, la feomelanina ), pero normalmente podemos saber cuál es su "color de pigmento" mirando su nariz. Una nariz negra significa que el perro produce eumelanina negra, etc.



Feomelanina

El segundo tipo de pigmento es la feomelanina. Este es un pigmento rojo. El término "rojo" abarca todo, desde el rojo intenso (como los setters irlandeses) hasta el crema claro, que abarca el oro, el amarillo y el naranja. Siempre que hablamos de rojo, a menos que hablemos particularmente de Setters, nos referimos a toda la gama de colores bronceados.



La feomelanina se produce solo en el pelaje. No se presenta en los ojos ni en la nariz, por lo que ningún gen que afecte el color o la intensidad de la feomelanina afectará a los ojos ni a la nariz. Solo la eumelanina se encuentra en esas áreas, por lo que solo los genes que afectan la eumelanina pueden afectar el color de los ojos o la nariz.


Esto muestra la variación de color de la feomelanina. A diferencia de la eumelanina, no se presenta en dos colores distintos (negro e hígado, y los diluidos cuentan como matices), sino en un solo color, que varía en intensidad. El color de feomelanina más intenso es el rojo Irish Setter. El color predeterminado es probablemente dorado, con diferentes genes que hacen que sea más o menos intenso (es decir, indicando a las células que produzcan una mayor densidad de partículas de pigmento, lo que hace que el color sea más fuerte, o una menor densidad, lo que hace que el color sea más débil, más claro).

Curiosamente, la feomelanina también es responsable del cabello rojo y las pecas en los seres humanos .


La mayoría de los perros tienen tanto eumelanina como feomelanina en sus pelajes, como muestran estos dos ejemplos. El primer perro tiene una mezcla dispersa de eumelanina y feomelanina (conocida como sable), y el  perro de más abajo tiene límites mucho más claros entre los dos pigmentos. La forma en que se mezclan los dos pigmentos en el pelaje está controlada principalmente por el locus A ("agouti") en los perros.



Hasta ahora todo va bien, pero esto no parece explicar todos los colores y patrones del pelaje en los perros, ¿qué tal el blanco ?



Blanco

El blanco no es realmente un color, por lo que el pelo blanco en los animales no es causado por el pigmento sino por la falta de pigmento. En perros, es una falta tanto de eumelanina como de feomelanina. Las áreas blancas en los animales se producen simplemente cuando las células no pueden o no producen ningún pigmento. A veces, todo el animal se ve afectado, como en los albinos, y a veces solo se ven afectadas partes de él, como en los perros con marcas blancas. También puede afectar la producción de eumelanina en los ojos y la nariz, haciendo que la nariz se vuelva rosada y los ojos azules (o rojos en los verdaderos albinos). Es importante tener en cuenta que aunque el albino siempre afecta a todo el animal, el albinismo parcial sí existe y es cuando la producción de pigmento se reduce drásticamente, provocando un color de pelaje pálido en lugar de blanco.



También existe un segundo tipo de blanco, que es causado por la dilución del pigmento rojo (feomelanina), lo que hace que las células produzcan menos partículas de pigmento de lo normal, por lo que el color se vuelve más claro. Si se diluye lo suficiente, puede volverse blanco. Muchos perros blancos tienen un ligero brillo de marfil/crema en sus pelajes porque sus células aún producen una cantidad muy pequeña de pigmento (puede ver esto con bastante claridad en el Spitz alemán arriba). Este tipo de blanco no suele afectar a la eumelanina, por lo que cualquier área negra/hígado/azul/isabella del pelaje permanecerá oscura, y los ojos y la nariz también lo harán.



Publicado en Doggenetics










sábado, 29 de agosto de 2020

MÁS FAMOSOS Y MASCOTAS (SPANISH & ENGLISH)

James Dean con Marcus, regalo de Elizabeth Taylor



Perros y gatos son lo mejor para sus dueños, pero en caso de no estar lo suficientemente convencido sobre este hecho verificado, aquí están algunos personajes famosos con sus mascotas para convencerte. Teniendo en cuenta que la mayoría de los dueños de mascotas de esta lista son más que conocidas celebridades, es bueno saber que incluso disfrutaron de la su compañía al igual que nosotros lo hacemos. Seguro que tal vez no todos pueden permitirse un ocelote como Salvador Dalí, pero es bueno saber que a veces, cuando él no estaba creando arte surrealista alucinante e icónico, estaba acariciando un ronroneante pequeño tigre detrás de las orejas. Y Maf, el perro que probablemente dió a Marilyn Monroe un beso o dos en los labios, a pesar de los millones de hombres que habrían dado todo lo que fuera por poder hacer lo mismo. Algunos de estos animales tenían importantes influencias sobre sus dueños. Freddie Mercury fue conocido como un avido amante de los gatos y fue dueño de unos cuantos. Uno de ellos, Delilah, fue inspirado por la canción del mismo nombre, que suena como que podría ser una canción de amor hasta que éllo atrapa orinando en los muebles.


Cats and dogs are cool enough on their own, but just in case you weren’t convinced about this verified fact, here are some famous people with their pets to convince you.
Given how most of the pet owners on this list are larger-than-life celebrities, it’s nice to know that even they enjoyed the company of pets just like we do. Sure, maybe not all of us can afford an ocelot like Salvador Dali, but it’s nice to know that sometimes, when he wasn’t creating mind-bending and iconic surreal art, he was scratching a purring little tiger behind its ears. And Maf the dog probably gave Marilyn Monroe a peck or two on the lips, the million and one men who would have given everything to give her a kiss notwithstanding.
Some of these pets had significant influences on their owners. Freddie Mercury was known as an especially avid cat lover, and owned quite a few. One of them, Delilah, was the inspiration between the song of the same name – which sounds like it could be a love song until he complains about Delilah peeing on his furniture.



 Frank Sinatra con su perro Ringo

 Humphrey Bogart con su Scottish Terrier Mac

 John Lennon y Yoko Ono con un felino negro

 Marilyn Monroe con Maf, regalo de Frank Sinatra


  Pablo Picaso con su gato y su perro Lump

 Elizabeth Taylor con sus caniches

 Lucille Ball con sus Spaniels en la piscina

 Brigitte Bardot con sus Spaniels negros

Stephen King con su Corgi Marlowe



Publicado en BoredPanda




EL PERRO TRATADO COMO PERSONA


Después de la Segunda Guerra Mundial, las familias comenzaron a ser menos numerosas. En los países desarrollados, los perros empezaron a recibir mayor atención ya que muchas veces llenaban importantes vacíos. Este proceso se acentuó a medida que la sociedad se tornó cada vez más competitiva e individualista. A su vez los cambios demográficos y la mayor urbanización produjeron que el ser humano se alejara cada vez más de la naturaleza y buscara reemplazar esta carencia en forma doméstica, a través de la adopción de un animal.



Estas dos situaciones motivaron en las personas una necesidad de mayor afecto y de mayor contacto con la naturaleza. Un perro satisface la primera de las necesidades en forma incondicional y además para muchas personas es un fiel representante del mundo natural. Estos hechos, sumados a los avances de la medicina veterinaria en salud canina y su relación con la humana, generaron en muchas personas un cambio de actitud en su relación con los perros. Básicamente estos animales dejaron, en muchos casos, de vivir aislados en el fondo de la casa y pasaron a convivir en forma más estrecha con sus propietarios. Con el correr de los años esta situación se extendió a los países en vías de desarrollo.

  
En una encuesta realizada en Capital Federal y el Gran Buenos Aires, el 94% de los propietarios de perros afirmó que sus animales eran considerados como un miembro de la familia, lo que representa una muestra irrefutable de este cambio. Este estudio arrojó a su vez algunos resultados que merecen ser analizados detalladamente; ya que permiten sacar algunas conclusiones muy, interesantes. El 95% de los encuestados reconoció que solía hablar con su perro en varios momentos durante el día, el 47% de los propietarios compartía la comida con su animal, el 39% permitía que su perro durmiese junto a él en la cama y el 29% celebraba el cumpleaños de su animal.



Estos datos no sólo indican que la mayoría de los dueños establece un vínculo estrecho con los perros sino que los tratan como a seres humanos, estableciendo una relación de tipo emocional más que racional. Si bien saben que los perros son animales domésticos, sienten que son más que eso y frecuentemente se refieren a ellos como si fuesen personas, más específicamente niños.


Durante el ejercicio de mi profesión tuve la oportunidad de conocer innumerable cantidad de propietarios que tenían una relación con sus perros similar a la que mantenían con los hijos. Tal fue el caso de un matrimonio que convivía con un hermoso ejemplar de pastor belga de dos años de edad. Este animal tenía serios problemas; el más grave era la agresividad hacia sus dueños. Antes de indicarles el tratamiento necesario para intentar corregir esta alteración de comportamiento, procedí a explicarles los riesgos que existían para su integridad física si el animal repetía alguno de los episodios agresivos. A partir de eso, les sugerí que decidieran si continuarían conviviendo con su perro. La respuesta del matrimonio fue preguntarme qué decisión tomaría yo si una de mis hijas tuviese un problema de conducta.



¿Por qué mucha gente siente que sus animales son como niños y en algunos casos hasta los consideran como a sus propios hijos? La respuesta es que los perros son animales sociales que buscan permanentemente la compañía de sus dueños. Esto mismo es válido para los niños con respecto a sus padres.


Muchos perros cuando son separados de sus dueños presentan signos de angustia y ansiedad. En una primera etapa se muestran hiperactivos y vocalizan casi permanentemente mediante aullidos, ladridos y/o gemidos. A los chicos les pasa exactamente lo mismo cuando son separados de sus padres y lo manifiestan a través del llanto. En una segunda etapa la hiperactividad desaparece y da lugar a una hipoactividad y a un menor interés por lo que sucede a su alrededor. Esto se manifiesta en una clara disminución del apetito, llegando en casos extremos a una anorexia total. Los niños que pasan por este proceso lo manifiestan a través de conductas más complejas, como el retraimiento, la violencia o la rebeldía.


De esta forma vemos que de la misma manera que los niños extrañan a sus padres, los perros extrañan a sus dueños. Por eso, cuando se restablece el vínculo tanto los niños como los perros se muestran alegres. Incluso muchas personas señalan que cuando llegan a la casa después de un arduo día de trabajo, el perro suele recibirlos mejor que sus propios hijos.

  
Estas y muchas otras razones explican por qué muchas personas sienten que sus perros son como seres humanos. Sin embargo, podríamos resumirlas recurriendo a un antiguo proverbio chino: "Existe mucho del ser humano en el animal y todo lo del animal en el ser humano."



Extracto del libro "Nuestro perro"
Autor: M.V. Claudio Gerzovich Lis
Comportamiento animal











Después de la Segunda Guerra Mundial, las familias comenzaron a ser menos numerosas. En los países desarrollados, los perros empezaron a recibir mayor atención ya que muchas veces llenaban importantes vacíos. Este proceso se acentuó a medida que la sociedad se tornó cada vez más competitiva e individualista. A su vez los cambios demográficos y la mayor urbanización produjeron que el ser humano se alejara cada vez más de la naturaleza y buscara reemplazar esta carencia en forma doméstica, a través de la adopción de un animal.

Estas dos situaciones motivaron en las personas una necesidad de mayor afecto y de mayor contacto con la naturaleza. Un perro satisface la primera de las necesidades en forma incondicional y además para muchas personas es un fiel representante del mundo natural. Estos hechos, sumados a los avances de la medicina veterinaria en salud canina y su relación con la humana, generaron en muchas personas un cambio de actitud en su relación con los perros. Básicamente estos animales dejaron, en muchos casos, de vivir aislados en el fondo de la casa y pasaron a convivir en forma más estrecha con sus propietarios. Con el correr de los años esta situación se extendió a los países en vías de desarrollo.

En una encuesta realizada en Capital Federal y el Gran Buenos Aires, el 94% de los propietarios de perros afirmó que sus animales eran considerados como un miembro de la familia, lo que representa una muestra irrefutable de este cambio. Este estudio arrojó a su vez algunos resultados que merecen ser analizados detalladamente; ya que permiten sacar algunas conclusiones muy, interesantes. El 95% de los encuestados reconoció que solía hablar con su perro en varios momentos durante el día, el 47% de los propietarios compartía la comida con su animal, el 39% permitía que su perro durmiese junto a él en la cama y el 29% celebraba el cumpleaños de su animal.

Estos datos no sólo indican que la mayoría de los dueños establece un vínculo estrecho con los perros sino que los tratan como a seres humanos, estableciendo una relación de tipo emocional más que racional. Si bien saben que los perros son animales domésticos, sienten que son más que eso y frecuentemente se refieren a ellos como si fuesen personas, más específicamente chicos.
Durante el ejercicio de mi profesión tuve la oportunidad de conocer innumerable cantidad de propietarios que tenían una relación con sus perros similar a la que mantenían con los hijos. Tal fue el caso de un matrimonio que convivía con un hermoso ejemplar de ovejero belga de dos años de edad. Este animal tenía serios problemas; el más grave era la agresividad hacia sus dueños. Antes de indicarles el tratamiento necesario para intentar corregir esta alteración de comportamiento, procedí a explicarles los riesgos que existían para su integridad física si el animal repetía alguno de los episodios agresivos. A partir de eso, les sugerí que decidieran si continuarían conviviendo con su perro. La respuesta del matrimonio fue preguntarme qué decisión tomaría yo si una de mis hijas tuviese un problema de conducta.

¿Por qué mucha gente siente que sus animales son como chicos y en algunos casos hasta los consideran como a sus propios hijos? La respuesta es que los perros son animales sociales que buscan permanentemente la compañía de sus dueños. Esto mismo es válido para los niños con respecto a sus padres.

Muchos perros cuando son separados de sus dueños presentan signos de angustia y ansiedad. En una primera etapa se muestran hiperactivos y vocalizan casi permanentemente mediante aullidos, ladridos y/o gemidos. A los chicos les pasa exactamente lo mismo cuando son separados de sus padres y lo manifiestan a través del llanto. En una segunda etapa la hiperactividad desaparece y da lugar a una hipoactividad y a un menor interés por lo que sucede a su alrededor. Esto se manifiesta en una clara disminución del apetito, llegando en casos extremos a una anorexia total. Los niños que pasan por este proceso lo manifiestan a través de conductas más complejas, como el retraimiento, la violencia o la rebeldía.

De esta forma vemos que de la misma manera que los niños extrañan a sus padres, los perros extrañan a sus dueños. Por eso, cuando se restablece el vínculo tanto los niños como los perros se muestran alegres. Incluso muchas personas señalan que cuando llegan a la casa después de un arduo día de trabajo, el perro suele recibirlos mejor que sus propios hijos.

Estas y muchas otras razones explican por qué muchas personas sienten que sus perros son como seres humanos. Sin embargo, podríamos resumirlas recurriendo a un antiguo proverbio chino: "Existe mucho del ser humano en el animal y todo lo del animal en el ser humano."

Extracto del libro "Nuestro perro"
Autor: M.V. Claudio Gerzovich Lis
Comportamiento animal
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