lunes, 5 de enero de 2026

ORIGEN DE LAS RAZAS FELINAS


Cuando se habla de ‘las razas felinas más antiguas del mundo’ se abre un territorio pantanoso entre el mito, la tradición oral y la ciencia real. Desde hace más de un siglo, exposiciones de morfología, criadores y clubes felinos han alimentado narrativas que presentan a razas como el Abisinio, el Mau egipcio o el Khao Manee como descendientes directos de gatos venerados en civilizaciones antiguas. Sin embargo, la genética moderna ha demostrado que buena parte de estas historias se sostienen más en la necesidad humana de construir linajes prestigiosos que en datos verificables.


En realidad, lo que sí sabemos con claridad, porque así lo sostienen todos los estudios genéticos robustos, es que todos los gatos domésticos comparten un único ancestro, el gato salvaje africano, Felis lybica, cuya relación con las primeras comunidades humanas surgió sin intervención directa, casi por espontaneidad ecológica. La hipótesis más firme es que estos felinos se acercaron a los asentamientos agrícolas del Creciente Fértil, y los humanos los toleraron por su utilidad. Esa relación funcional, y no un proceso clásico de domesticación intensiva, explica tanto el carácter independiente del gato moderno como la enorme homogeneidad genética que presentan.

Felis lybica

A partir de ahí, la historia felina se despliega como una expansión lenta pero continua, ligada a rutas comerciales, imperios y migraciones humanas. Los gatos se consolidaron como animales sagrados en Egipto, se dispersaron por Europa de la mano del Imperio romano y no llegaron a China hasta alrededor del año 600 después de nuestra era, muy tarde en comparación con otros animales domésticos. Y mientras esa historia natural avanzaba, el concepto moderno de ‘raza’, tal y como hoy lo usamos, no apareció hasta finales del siglo XIX. Es ahí donde empieza realmente el relato de qué razas pueden considerarse antiguas… y qué parte de su leyenda responde más al márquetin que a la arqueología.


Ciencia, ficción y lo que sabemos con certeza
La idea de que existen razas milenarias, del tipo ‘los gatos de los faraones’, o ‘la raza milenaria sagrada de Oriente’ convive con un dato que desmonta casi todo ese imaginario, y es que la mayoría de las razas felinas modernas no tienen más de 150 años. A diferencia de lo que ocurrió con los perros, con las razas de caballos o incluso con el ganado, seleccionados a lo largo de milenios por su función, los gatos mantuvieron durante siglos una relación muy laxa con la domesticación humana.


Las primeras observaciones científicas que apuntaron a la diversidad geográfica del gato doméstico aparecen en 1868, cuando Charles Darwin describió diferencias notables entre los gatos de Sudamérica, India e Inglaterra. Pocos años después, en 1871, se celebró la primera exposición felina en el Palacio de Cristal de Londres. Allí, por primera vez, el Persa tradicional, Manx, Siamés tradicional (thai), Angora Turco, el Azul Ruso y Británicos de pelo corto fueron presentados ya como razas diferenciadas. A finales del siglo XIX y principios del XX, Estados Unidos se sumó al fenómeno, introduciendo también a los Maine Coon como una de sus primeras razas de fundación. Aquella explosión de exhibiciones y estándares, y no la antigüedad biológica, es el verdadero punto de partida del concepto moderno de raza felina.






Publicado en 20minutos