HOLA AMIGOS


Bienvenidos a mi blog. Este será un sitio dedicado a la raza que me apasiona, el cocker spaniel ingles, y en general a todos los perros, con raza o sin ella. Aquí iré colgando temas relacionados con ellos, con los cocker y todo aquello que me parezca interesante, sobre veterinaria, etología etc...

Encontrarás que algunos artículos sobre el cocker son un poco técnicos, pero la mayoría son para todos los públicos. ¡No te desanimes !



Agradecimiento:

Me gustaría agradecer a todas las personas que nos han ayudado, explicado y aguantado tantas y tantas cosas, y que han hecho que nuestra afición persista.

En especial a Pablo Termes, que nos abrió su casa de par en par y nos regaló jugosas tardes en su porche contando innumerables “batallitas de perros”. Suyas fueron nuestras dos primeras perras y suya es buena parte de culpa de nuestra afición. A Antonio Plaza y Alicia, también por su hospitalidad, su cercanía, y su inestimable ayuda cada vez que la hemos necesitado. También por dejarnos usar sus sementales, casi nada. Y a todos los criadores y propietarios que en algún momento, o en muchos, han respondido a nuestras dudas con amabilidad.

Y, por supuesto, a Rambo, Cibeles y Maripepa, a Chulapa y Chulapita, y a Trufa, como no, y a todos los perros con pedigrí o sin el, con raza o sin ella por ser tan geniales.

Muchas gracias


Te estaré muy agradecido si después me dejas tus impresiones en forma de comentario.

Espero que te guste y que vuelvas pronto.



PARA LA REALIZACIÓN DE ESTE BLOG NINGÚN ANIMAL FUE MALTRATADO




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viernes, 9 de octubre de 2026

AMIGOS Y SOLDADOS, 3ª PARTE


En tiempos de guerra, los ejércitos humanos muchas veces buscan la ayuda del reino animal. En conflictos pasados, los caballos, elefantes, y camellos transportaban a hombres y provisiones, las palomas llevaban mensajes; los perros seguían a los enemigos y protegían a las tropas. Sus esfuerzos ayudaron a cambiar el rumbo de las batallas – y las fortunas de muchos soldados de combate.
Siguiendo con esta tradición, las fuerzas armadas estadounidenses usaron miles de animales durante la Segunda Guerra Mundial. Éstos se encontraban en cada parte de la guerra- eran trabajadores y guerreros, eran acompañantes y compañeros de batalla. Su presencia generalizada en los campos de batalla fue documentada por fotógrafos oficiales del gobierno que cubrían la guerra. 

S. Medeiroa, de la 26va división del ejército, abraza la mascota de la unidad S, Little Joe, en Ottweiler, Alemania. 21 de marzo de 1945.

El sargento Stanley Novak se detiene con su perro para un breve descanso. Es un husky. Podría ser en Alaska o Islandia, Segunda Guerra Mundial.

Un perro explorador y un marine estadounidense cómodamente instalados en una trinchera en Guam, durante la Segunda Guerra Mundial, 1944.

Perros marines toman un descanso en el teatro de Operaciones del Pacífico, USMC

Los marines transportan a un pastor alemán herido, que se cree que es César, a la tienda de campaña del hospital en Bougainville.

Durante su carrera, voló su P-47 Fighter Rat Racer en 46 misiones de combate sobre Europa durante la Segunda Guerra Mundial. Derribó con éxito 5 aviones enemigos y medio, y alcanzó el estatus de as de la aviación. Frank McCauley sonríe a un perro. Realizó su entrenamiento de piloto en Texas con el Cuerpo Aéreo.

Clyde Porter dona a su perro Junior a Dogs for Defense. La mayoría de los 20.000 perros de guerra de Estados Unidos fueron ofrecidos como voluntarios por sus dueños.

La mascota del 502.º Regimiento de Infantería Paracaidista, 101.ª División Aerotransportada

Unos sanitarios curan las heridas recibidas a un perro del destacamento.Teatro de Operaciones del Pacífico.

P-47 'The Deacon', piloto y mascota del 4.º Grupo de Caza, Inglaterra, 1943.

Un piloto de la RAF en la cabina de un P-40 Tomahawk con Buss, la mascota mono del escuadrón, en Libia el 15 de febrero de 1942.

Homer Finley, el hombre que ayudó a entrenar al 1er Pelotón Canino del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, junto a un perro llamado Jack en la isla de Bougainville, cerca de Papúa Nueva Guinea, el 8 de diciembre de 1943.

Este pequeño perro parece que ruega un refugio en medio de la batalla de las Ardenas, Francorchamps, en diciembre de 1944 o enero de 1945. 30.ª División de Infantería.


martes, 29 de septiembre de 2026

AMIGOS Y SOLDADOS, 2ª PARTE


En tiempos de guerra, los ejércitos humanos muchas veces buscan la ayuda del reino animal. En conflictos pasados, los caballos, elefantes, y camellos transportaban a hombres y provisiones, las palomas llevaban mensajes; los perros seguían a los enemigos y protegían a las tropas. Sus esfuerzos ayudaron a cambiar el rumbo de las batallas – y las fortunas de muchos soldados de combate.
Siguiendo con esta tradición, las fuerzas armadas estadounidenses usaron miles de animales durante la Segunda Guerra Mundial. Éstos se encontraban en cada parte de la guerra- eran trabajadores y guerreros, eran acompañantes y compañeros de batalla. Su presencia generalizada en los campos de batalla fue documentada por fotógrafos oficiales del gobierno que cubrían la guerra. 

Sgt. Richard Wallen posa con su burro mascota Edda en Italia. Edda fue nombrada como la hija del dictador italiano durante el tiempo de la guerra, Benito Mussolini. April 1944. 

Los perros son aceptados al Ejército en Front Royal, Virginia. 25 agosto 1942.

Cpl. Edward Burckhardt de los Marines encontró este gatito en la base del Monte Suribachi, Iwo Jima, el lugar de mucho del combate más brutal de la guerra. Febrero 1945

Pfc. Raymond Gasiorowski del Ejército lleva a pasear al cachorro mascota de su compañía en Leipzig, Alemania. 19 abril 1945

Pfc. Rez P. Hester de la 7ma sección de los perros de guerra (Seventh War Dog Platoon) en Iwo Jima toman una siesta mientras Butch lo vigila. Febrero de 1945.

Un pastor alemán de los Marines es consolado por su compañero durante una sesión de tomas de rayos X. Fue disparado por un francotirador japonés en Bougainville, el perro murió a causa de sus heridas. Fecha desconocida. 

El soldado raso Gene Pecora conversa con el suboficial Alva M. Pitman y su perra 'Schicklgruber' (nombre de la madre de Hitler). 1.ª División de Infantería, Alemania, 7 de diciembre de 1944.

Cpl. Harley Peterson acorrala los caballos de una brigada de remonte del ejército en New Caledonia. 20 octubre 1943 

Policía militar de la 90.ª División de Infantería a caballo en Arzfeld, Alemania, 25 de febrero de 1945.

El soldado de primera clase Calvin J. Fontana, de la 44.ª Compañía de Policía Militar, 44.ª División de Infantería, y su perro 'Ginger' en Haiming, Austria, 23 de mayo de 1945.

Dos médicos del 1.er Ejército atienden a un perro francés herido que encontraron entre las ruinas de Carentan, Francia, el 1 de julio de 1944. Campaña de Normandía.

1944. Una niña francesa besa a un soldado estadounidense tras la liberación de Francia de la ocupación alemana bajo la atenta mirada de un perro callejero

Soldados estadounidenses consuelan a una niña francesa con un cachorro durante la liberación de Francia en 1944.





domingo, 27 de septiembre de 2026

PERROS DE TRINEO; POR ANNA BURKE


Participan en emocionantes aventuras, desde correr en Iditarod hasta transportar exploradores en el Ártico, por lo que los perros de trineo ocupan un lugar especial en nuestros corazones e imaginación. No todas las razas de perros pueden correr por millas a través de la tundra, sobreviviendo a condiciones de mucho frío, ventiscas y los rigores de las carreras de larga distancia, al tiempo que trabajan juntos como un equipo.
Hoy en día, los perros de trineo continúan compitiendo exitosamente, transportando equipos y trabajando junto a los humanos en los trabajos para los que fueron criados.


¿Qué razas de perros son los mejores perros de trineo?
Cuando pensamos en los perros de trineo, nos vienen a la mente las razas de perros de trineo de raza pura, como el Alaskan Malamute, el Siberian Husky, Chinook y Samoyedo. Si bien estas razas son sin duda muy adecuadas para el mushing, la mayoría de los perros de trineo modernos son en realidad Alaskan Huskies, un tipo de perro con herencia genética mixta que se adapta bien a los rigores del camino. Alaskan Malamutes y Siberian Huskies constituyen un gran porcentaje de la genética del Alaskan Husky, pero los criadores también agregan Border Collie, razas de perros, razas de caza e incluso galgos a sus líneas de sangre para crear perros de trineo resistentes, rápidos y entusiastas.
Estos perros pueden parecer descuidados, pero generaciones de cría para carreras y acarreo han creado un perro con resistencia, velocidad y resistencia legendarias. Los perros esquimales de Alaska vienen en una amplia variedad de tamaños. Algunos son tan pequeños como 35 libras, mientras que otros maduran a 70 libras o más. La mayoría de los huskies de carreras promedian entre 40 y 60 libras, y los mushers seleccionan los perros que mejor se adaptan a sus necesidades de carrera.


¿Qué hace un buen perro de trineo?
Un musher busca varias cualidades en un perro de trineo, según National Geographic . Una de las cualidades más importantes que poseen los perros de trineo exitosos son los buenos pies. Las carreras de larga distancia son difíciles para el cuerpo de un perro, y los pies son los más afectados por el trabajo. Los perros con pies tiernos pueden no tener buenos resultados en el camino, incluso con botines, y los profesionales señalan que los botines ralentizan a los perros en carreras más cortas.
Un apetito saludable y un pelaje grueso también son importantes. Los comedores quisquillosos podrían no tomar las calorías necesarias en el camino, lo que reduce su capacidad de rendimiento. Un pelaje saludable con una capa interna gruesa ayuda a mantenerlos calientes y protegidos de los elementos y preserva esas calorías esenciales.


El entrenamiento físico puede ser entrenado, pero el deseo de correr y trabajar con el arnés es igualmente crucial para el éxito de un equipo. Los mushers buscan perros a quienes les encanta trabajar en equipo con otros perros y con el musher. Los perros antisociales o agresivos no tienen cabida en el tiro, y muchos perros de trineo interactúan con fans y turistas durante todo el año. Estos perros deben ser amigables con las personas y tener confianza en las nuevas situaciones.
A los perros de trineo les encanta trabajar, pero quizás su trabajo más importante hoy en día es la educación. "Estos perros, aunque no hablan, logran comunicarse con nuestros visitantes sobre la importancia de los espacios salvajes", dice Jennifer Raffaeli, gerente de las perreras del Parque Nacional Denali. Nuestros estilos de vida modernos nos separan a muchos del aire libre, y los perros de trineo son una forma de reconectarnos con el mundo natural.




Escrito por Anna Burke en AKC















miércoles, 23 de septiembre de 2026

AMIGOS Y SOLDADOS


En tiempos de guerra, los ejércitos humanos muchas veces buscan la ayuda del reino animal. En conflictos pasados, los caballos, elefantes, y camellos transportaban a hombres y provisiones, las palomas llevaban mensajes; los perros seguían a los enemigos y protegían a las tropas. Sus esfuerzos ayudaron a cambiar el rumbo de las batallas – y las fortunas de muchos soldados de combate.
Siguiendo con esta tradición, las fuerzas armadas estadounidenses usaron miles de animales durante la Segunda Guerra Mundial. Éstos se encontraban en cada parte de la guerra- eran trabajadores y guerreros, eran acompañantes y compañeros de batalla. Su presencia generalizada en los campos de batalla fue documentada por fotógrafos oficiales del gobierno que cubrían la guerra. 

El soldado de primera clase Wilbert R. Moran, de la 11.ª División Aerotransportada, guía una mula de carga por la carretera de Cavite en Luzón, Filipinas, el 3 de febrero de 1945.

El mensajero Charlie luce la condecoración Corazón Púrpura que obtuvo durante su servicio en Metz, Francia, con la 90.ª División de Infantería. 11 de octubre de 1944.

La escasez de neumáticos probablemente obligará a la mascota de la 766.ª Compañía de Mantenimiento Ligero, 66.ª División de Infantería, a abandonar su nuevo hogar, donde acababa de tener una camada de cachorros. El cabo Joseph U. Gabriel, de 3270 Sanson St, Filadelfia, Pensilvania (izquierda), y el sargento Troy Greene, de Metter, Georgia, se hacen amigos de los nuevos cachorros en Messac, sector de Saint-Nazaire, Francia, el 14 de febrero de 1944.

El sargento Bea Alcoze, de Fort Worth, Texas, con su compañero canino en Burma Road, como parte del Grupo de Trabajo Mars.

El soldado Jewell Moore, de la 3.ª División Blindada, con su gatito Butch, en Stolberg, Alemania, el 16 de noviembre de 1944.

El soldado de primera clase Albert Rich con el loro que trajo de Leyte, posado sobre su carabina M-1 en Okinawa, abril de 1945.

El soldado de primera clase LC Faver, de la 1.ª División de Infantería, y su mascota 'Blackie' cerca de Sourbrodt, Bélgica, 1 de marzo de 1945.

El sargento Harold Rogers y su perro Mister. Completaron 25 misiones de combate sobre Alemania. El sargento Rogers llevó al perro a casa y luego regresó. Murió en combate el 2 de julio de 1944.

El soldado de primera clase Joseph E. Day sostiene a un cachorro al que llamó 'Invasion' en Le Desert, Normandía, Francia, el 14 de julio de 1944.

El soldado Jesse K. Fennell, de la 101.ª División Aerotransportada, y su perro «Dud» esperan ser transportados a la retaguardia tras dos meses de combate. Francia, 25 de noviembre de 1944

1942, Perro guardián centinela del ejército

A finales del verano de 1942, el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos decidió experimentar con el uso de perros en la guerra. En Guam, el teniente primero William R. Putney comandaba el 1.er Pelotón Canino y era el veterinario de todos los perros de guerra en la isla.


martes, 15 de septiembre de 2026

CUANDO LOS ANIMALES LLEVAN LA CORREA, POR ALFONSO J. USSÍA


Hubo un tiempo en el que uno sabía perfectamente quién mandaba en la casa. Era el padre, la madre o, en muchos casos, la abuela. Hoy no tengo tan claro si la autoridad corresponde al perro. Basta subirse a un tren en pleno verano o esperar la cola para embarcar en cualquier aeropuerto para comprobar que media España viaja acompañada de un animal. Hay labradores, caniches, bulldogs franceses, gatos que asoman la cabeza desde una mochila como si fueran astronautas, conejos, hurones, loros y hasta algún lagarto que parece haber sacado un billete en Preferente. Cualquier día anunciarán por megafonía que un camello ha sido visto deambulando por la cafetería.


No me molesta. Al contrario. Siempre he pensado que los animales suelen comportarse con bastante más dignidad que algunas personas. El problema casi nunca lleva cuatro patas. El problema suele sujetar la correa. Los perros, por ejemplo, poseen una virtud extraordinaria que muchos seres humanos han ido perdiendo poco a poco: saben estar. Esperan. Observan. Se tumban debajo de una mesa sin convertir su presencia en una constante anomalía. No hablan a gritos por teléfono. No ponen vídeos sin auriculares. No invaden la conversación de la mesa de al lado para explicar cómo les ha ido la semana. Si tienen hambre, esperan. Si tienen sed, esperan. Si el viaje dura tres horas más de lo previsto, aguantan con una paciencia que ya quisiéramos muchos cuando el aire acondicionado tarda cinco minutos en enfriar.
Después aparece el propietario dispuesto a explicar que Thor, Luna o Coco son un miembro más de la familia. Lo cuenta con un orgullo genealógico mientras el pobre animal parece bastante más interesado en encontrar una sombra donde dormir que en participar de la sobremesa. Y es que el perro no ha pedido entrar en el restaurante. No ha solicitado viajar en AVE. No ha insistido para pasar el fin de semana en un hotel con spa y desayuno bufé. Todo eso lo decide una persona convencida de que el resto de la humanidad comparte exactamente el mismo entusiasmo que ella.


Vivimos una época empeñada en convertir los gustos particulares en obligaciones colectivas. Si a mí me apasiona mi mascota, a usted también tiene que apasionarle. Si mi perro quiere olisquear sus pantalones, lo correcto es que sonría. Si ocupa medio pasillo del tren con la correa extendida, será usted quien deba hacer equilibrios para pasar. Y si, por cualquier motivo, prefiere mantener cierta distancia, siempre habrá alguien dispuesto a tranquilizarle con esa maldita frase previa al ataque: «No hace nada».
Eso nunca deja de sorprenderme. Nadie tranquiliza a un desconocido diciendo que su cuñado no hace nada antes de sentarlo a nuestra mesa. Nadie presenta a un primo especialmente pesado advirtiendo que no suele morder. Con los animales, sin embargo, parece que hemos desarrollado una confianza universal que obliga a los demás a participar de nuestra intimidad. Lo curioso es que el propio perro acostumbra a entender mejor las reglas de convivencia que su dueño. El animal espera una orden. Se aparta cuando se le corrige. Aprende que hay sitios donde puede correr y otros donde conviene permanecer quieto. Nosotros, en cambio, parecemos empeñados en borrar cualquier frontera. Todo debe adaptarse a nosotros porque hemos confundido la libertad con la ausencia de límites y la comodidad con un derecho.


Siempre he sospechado que la buena educación consiste, sobre todo, en hacer la vida más fácil a los demás. Nadie recibe una medalla por bajar la voz en un vagón. Tampoco por recoger lo que ensucia su perro, ceder el paso o procurar que quien comparte espacio con nosotros esté cómodo. Son gestos diminutos, tan pequeños que apenas se ven. La educación casi nunca hace ruido. El ruido lo hacen quienes creen que el mundo entero gira alrededor de sus costumbres.
Quizá por eso me producen tanta ternura algunos perros y tanta tirria algunos propietarios. El animal permanece tumbado durante horas sin molestar a nadie mientras el dueño explica a todo el restaurante la dieta sin cereales que sigue desde cachorro, las cuentas de Instagram que tiene abiertas, el hotel maravilloso donde pasó las vacaciones o el trauma que sufrió cuando una aspiradora le dio un susto siendo pequeño. El perro guarda silencio. El amo no.


Es una forma muy moderna de egoísmo que consiste en convertir al animal en una extensión de uno mismo. Ya no basta con quererlo. Hay que exhibirlo. No se trata de compartir el cariño, sino de imponerlo. Y es una pena porque los animales llevan siglos dándonos lecciones de lealtad, paciencia y fidelidad sin necesidad de dar el coñazo a los demás. Han acompañado a pastores, cazadores, marineros, agricultores y familias enteras sin exigir protagonismo. Han esperado junto a una puerta durante horas. Han recorrido caminos interminables detrás de sus dueños. Han demostrado una nobleza que la literatura lleva siglos intentando describir. Resulta paradójico que, precisamente ahora que presumimos de quererlos tanto, algunos los utilicen como coartada para olvidarse de los modales más elementales.


No me preocupan los perros. Tampoco los gatos, los conejos, los hurones o ese lagarto que seguramente terminará viajando algún día entre el coche cafetería y el vagón silencioso. Me preocupan bastante más quienes han dejado de comprender que compartir un espacio con desconocidos exige una renuncia. La civilización nunca ha consistido en hacer exactamente lo que a uno le apetece. Consiste en reservar una parte de nuestra comodidad para que también quepa la de los demás.




Alfonso J. Ussía