
Los aspectos fundamentales del movimiento canino dependen de cuatro elementos clave: la mecánica del empuje vectorial durante un trote y el papel crítico del equilibrio.
Lograr el equilibrio en todas direcciones es esencial para que un perro se mueva eficientemente, permitiéndole planear sin esfuerzo sobre el terreno durante largos períodos. Este movimiento suave y fluido se mantiene en marcado contraste con un pesado y trabajado barajado que carece de resistencia. Cuando un perro está equilibrado, puede mantener un perfil bajo mientras atraviesa el suelo, haciendo que el acto de correr parezca casi ingravido.
La estabilidad en las extremidades posteriores es particularmente importante, ya que permite una base sólida desde la cual el perro puede impulsarse hacia adelante.
Durante un trote, la dinámica de frenado y propulsión entra en juego, con las extremidades delanteras que proporcionan una fuerza de frenado neta mientras que las extremidades traseras generan propulsión.
Para que un perro mantenga una velocidad constante, las fuerzas de frenado y propulsión deben ser iguales. A medida que el perro aterriza en su paso adelante, la acción de frenado de las extremidades delanteras lo ralentiza, similar a cómo un corredor humano alterna entre la aceleración y la desaceleración.


