Alfonso J. Ussía
HOLA AMIGOS
Bienvenidos a mi blog. Este será un sitio dedicado a la raza que me apasiona, el cocker spaniel ingles, y en general a todos los perros, con raza o sin ella. Aquí iré colgando temas relacionados con ellos, con los cocker y todo aquello que me parezca interesante, sobre veterinaria, etología etc...
Encontrarás que algunos artículos sobre el cocker son un poco técnicos, pero la mayoría son para todos los públicos. ¡No te desanimes !
Agradecimiento:
Me gustaría agradecer a todas las personas que nos han ayudado, explicado y aguantado tantas y tantas cosas, y que han hecho que nuestra afición persista.
En especial a Pablo Termes, que nos abrió su casa de par en par y nos regaló jugosas tardes en su porche contando innumerables “batallitas de perros”. Suyas fueron nuestras dos primeras perras y suya es buena parte de culpa de nuestra afición. A Antonio Plaza y Alicia, también por su hospitalidad, su cercanía, y su inestimable ayuda cada vez que la hemos necesitado. También por dejarnos usar sus sementales, casi nada. Y a todos los criadores y propietarios que en algún momento, o en muchos, han respondido a nuestras dudas con amabilidad.
Y, por supuesto, a Rambo, Cibeles y Maripepa, a Chulapa y Chulapita, y a Trufa, como no, y a todos los perros con pedigrí o sin el, con raza o sin ella por ser tan geniales.
Muchas gracias
Te estaré muy agradecido si después me dejas tus impresiones en forma de comentario.
Espero que te guste y que vuelvas pronto.
PARA LA REALIZACIÓN DE ESTE BLOG NINGÚN ANIMAL FUE MALTRATADO
martes, 15 de septiembre de 2026
CUANDO LOS ANIMALES LLEVAN LA CORREA, POR ALFONSO J. USSÍA
Alfonso J. Ussía
viernes, 4 de septiembre de 2026
CARTA AL PERRO CALLEJERO; POR TICO MEDINA
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lunes, 20 de julio de 2026
ORIENTACIÓN DE LOS GATOS. CUENTO POR JULIO CORTÁZAR
«Orientación de los gatos», cuento de Julio Cortázar aparecido en el libro “Queremos tanto a Glenda” (1980), nos sumerge en una exploración de los lazos invisibles que unen a una mujer, su esposo y su enigmático gato, Osiris. A través de una narrativa envolvente, el autor desvela la fascinante conexión espiritual que florece entre el felino y la mujer, dejando al marido en un incómodo segundo plano. Pese a los esfuerzos del esposo por reconquistar el afecto perdido, se encuentra invariablemente enfrentado al misterioso vínculo que su esposa y Osiris parecen compartir, un lazo inquebrantable que desafía la comprensión humana.
Cuando Alana y Osiris me miran no puedo quejarme del menor disimulo, de la menor duplicidad. Me miran de frente, Alana su luz azul y Osiris su rayo verde. También entre ellos se miran así, Alana acariciando el negro lomo de Osiris que alza el hocico del plato de leche y maúlla satisfecho, mujer y gato conociéndose desde planos que se me escapan, que mis caricias no alcanzan a rebasar. Hace tiempo que he renunciado a todo dominio sobre Osiris, somos buenos amigos desde una distancia infranqueable; pero Alana es mi mujer y la distancia entre nosotros es otra, algo que ella no parece sentir pero que se interpone en mi felicidad cuando Alana me mira, cuando me mira de frente igual que Osiris y me sonríe o me habla sin la menor reserva, dándose en cada gesto y cada cosa como se da en el amor, allí donde todo su cuerpo es como sus ojos, una entrega absoluta, una reciprocidad ininterrumpida.
Es extraño; aunque he renunciado a entrar de lleno en el mundo de Osiris, mi amor por Alana no acepta esa llaneza de cosa concluida, de pareja para siempre, de vida sin secretos. Detrás de esos ojos azules hay más, en el fondo de las palabras y los gemidos y los silencios alienta otro reino, respira otra Alana. Nunca se lo he dicho, la quiero demasiado para trizar esta superficie de felicidad por la que ya se han deslizado tantos días, tantos años. A mi manera me obstino en comprender, en descubrir; la observo pero sin espiarla; la sigo pero sin desconfiar; amo una maravillosa estatua mutilada, un texto no terminado, un fragmento de cielo inscrito en la ventana de la vida.
Hubo un tiempo en que la música me pareció el camino que me llevaría de verdad a Alana; mirándola escuchar nuestros discos de Bártok, de Duke Ellington, de Gal Costa, una transparencia paulatina me ahondaba en ella, la música la desnudaba de una manera diferente, la volvía cada vez más Alana porque Alana no podía ser solamente esa mujer que siempre me había mirado de lleno sin ocultarme nada. Contra Alana, más allá de Alana, yo la buscaba para amarla mejor; y si al principio la música me dejó entrever otras Alanas, llegó el día en que frente a un grabado de Rembrandt la vi cambiar todavía más, como si un juego de nubes en el cielo alterara bruscamente las luces y las sombras de un paisaje. Sentí que la pintura la llevaba más allá de sí misma para ese único espectador que podía medir la instantánea metamorfosis nunca repetida, la entrevisión de Alana en Alana. Intercesores involuntarios, Keith Jarrett, Beethoven y Aníbal Troilo me habían ayudado a acercarme, pero frente a un cuadro o un grabado Alana se despojaba todavía más de eso que creía ser, por un momento entraba en un mundo imaginario para, sin saberlo, salir de sí misma, yendo de una pintura a otra, comentándolas o callando, juego de cartas que cada nueva contemplación barajaba para aquel que sigiloso y atento, un poco atrás o llevándola del brazo, veía sucederse las reinas y los ases, los piques y los tréboles, Alana.
¿Qué se podía hacer con Osiris? Darle su leche, dejarlo en su ovillo negro satisfactorio y ronroneante; pero a Alana yo podía traerla a esta galería de cuadros como lo hice ayer, una vez más asistir a un teatro de espejo y de cámaras oscuras, de imágenes tensas en la tela frente a esa otra imagen de alegres jeans y blusa roja que después de aplastar el cigarrillo a la entrada iba de cuadro en cuadro, deteniéndose exactamente a la distancia que su mirada requería, volviéndose a mí de tanto en tanto para comentar o comparar. Jamás hubiera podido descubrir que yo no estaba ahí por los cuadros, que un poco atrás o de lado mi manera de mirar nada tenía que ver con la suya. Jamás se daría cuenta de que su lento y reflexivo paso de cuadro en cuadro la cambiaba hasta obligarme a cerrar los ojos y luchar para no apretarla en los brazos y llevármela al delirio, a una locura de carrera en plena calle. Desenvuelta, liviana en su naturalidad de goce y descubrimiento, sus altos y sus demoras se inscribían en un tiempo diferente del mío, ajeno a la crispada espera de mi sed.
Hasta entonces todo había sido un vago anuncio, Alana en la música, Alana frente a Rembrandt. Pero ahora mi esperanza empezaba a cumplirse casi insoportablemente; desde nuestra llegada Alana se había dado a las pinturas con una atroz inocencia de camaleón, pasando de un estado a otro sin saber que un espectador agazapado acechaba en su actitud, en la inclinación de su cabeza, en el movimiento de sus manos o sus labios el cromatismo interior que la recorría hasta mostrarla otra, allí donde la otra era siempre Alana sumándose a Alana, las cartas agolpándose hasta completar la baraja. A su lado, avanzando poco a poco a lo largo de los muros de la galería, la iba viendo darse a cada pintura, mis ojos multiplicaban un triángulo fulminante que se tendía de ella al cuadro y del cuadro a mí mismo para volver a ella y aprehender el cambio, la aureola diferente que la envolvía un momento para ceder después a un aura nueva, a una tonalidad que la exponía a la verdadera, a la última desnudez. Imposible prever hasta dónde se repetiría esa ósmosis, cuántas nuevas Alanas me llevarían por fin a la síntesis de la que saldríamos los dos colmados, ella sin saberlo y encendiendo un nuevo cigarrillo antes de pedirme que la llevara a tomar un trago, yo sabiendo que mi larga búsqueda había llegado a puerto y que mi amor abarcaría desde ahora lo visible y lo invisible, aceptaría la limpia mirada de Alana sin incertidumbres de puertas cerradas, de pasajes vedados.
Frente a una barca solitaria y un primer plano de rocas negras, la vi quedarse inmóvil largo tiempo; un imperceptible ondular de las manos la hacía como nadar en el aire, buscar el mar abierto, una fuga de horizontes. Ya no podía extrañarme que esa otra pintura donde una reja de agudas puntas vedaba el acceso a los árboles linderos la hiciera retroceder como buscando un punto de mira; de golpe era la repulsa, el rechazo de un límite inaceptable. Pájaros, monstruos marinos, ventanas dándose al silencio o dejando entrar un simulacro de la muerte, cada nueva pintura arrasaba a Alana despojándola de su color anterior, arrancando de ella las modulaciones de la libertad, del vuelo, de los grandes espacios, afirmando su negativa frente a la noche y a la nada, su ansiedad solar, su casi terrible impulso de ave fénix. Me quedé atrás sabiendo que no me sería posible soportar su mirada, su sorpresa interrogativa cuando viera en mi cara el deslumbramiento de la confirmación, porque eso era también yo, eso era mi proyecto Alana, mi vida Alana, eso había sido deseado por mí y refrenado por un presente de ciudad y parsimonia, eso ahora al fin Alana, al fin Alana y yo desde ahora, desde ya mismo. Hubiera querido tenerla desnuda en los brazos, amarla de tal manera que todo quedara claro, todo quedara dicho para siempre entre nosotros, y que de esa interminable noche de amor, nosotros que ya conocíamos tantas, naciera la primera alborada de la vida.
Llegábamos al final de la galería; me acerqué a la puerta de salida ocultando todavía la cara, esperando que el aire y las luces de la calle me volvieran a lo que Alana conocía de mí. La vi detenerse ante un cuadro que otros visitantes me habían ocultado, quedarse largamente inmóvil mirando la pintura de una ventana y un gato. Una última transformación hizo de ella una lenta estatua nítidamente separada de los demás, de mí que me acercaba indeciso buscándole los ojos perdidos en la tela. Vi que el gato era idéntico a Osiris y que miraba a lo lejos algo que el muro de la ventana no nos dejaba ver. Inmóvil en su contemplación, parecía menos inmóvil que la inmovilidad de Alana. De alguna manera sentí que el triángulo se había roto; cuando Alana volvió hacia mí la cabeza el triángulo ya no existía, ella había ido al cuadro pero no estaba de vuelta, seguía del lado del gato mirando más allá de la ventana donde nadie podía ver lo que ellos veían, lo que solamente Alana y Osiris veían cada vez que me miraban de frente.
lunes, 29 de junio de 2026
LO QUE EL JUEZ VE CUANDO PRESENTAS A TU PERRO, POR RICHARD BEAUCHAMP
El novato, por supuesto, está aterrorizado y, al intentar colocar a su perro en la pose correcta, le recoloca las patas continuamente (incluso cuando no es necesario). Al mover al perro, el principiante mira al frente (nunca hacia donde está el juez ni hacia abajo para ver qué hace el perro).
Todo esto es perfectamente comprensible en quien participa por primera vez, pero nos preguntamos cómo es posible que esto haya estado ocurriendo durante años sin que el presentador se diera cuenta de que algo andaba mal: que el perro perdía con demasiada frecuencia, y no por falta de calidad. En muchos casos, esto se debe a que quienes estamos al otro lado del perro nunca llegamos a ver cómo es realmente.
Si un aspirante a adiestrador no aprende nada más sobre el manejo de perros, debe comprender que la imagen que ve al observar a su perro y la que ve el juez al otro lado del ring no tienen absolutamente nada que ver.
El adiestrador ve la parte superior del perro; el juez ve la imagen completa, la silueta, uno de los cinco aspectos cruciales del tipo de raza. Por si lo has olvidado, los cinco elementos cruciales del tipo de raza son: Carácter, Silueta, Cabeza, Movimiento y Pelaje.
Lo que el adiestrador debe aprender a hacer es colocar al perro de manera que se acerque lo más posible a la imagen ideal para la persona que se encuentra en el centro del ring. Esto es lo que el juez busca inicialmente: el perro cuya silueta se aproxime más a lo que exige el estándar.
El adiestrador no puede aprender a hacerlo mirando al perro desde arriba (si es pequeño), ni desde delante o desde atrás (si es grande). El expositor debe aprender qué hacer para que su perro luzca como quiere que el juez lo vea.
Publicado en Up Your Dog Show Game por Richard Beauchamp
domingo, 14 de junio de 2026
¿HACIA DÓNDE VA EL MOVIMIENTO TÍPICO? POR HANS LEHTINEN Y CHRIS LUMMELAMPI
¿Estamos buscando un perro de exhibición completo que sea lo suficientemente llamativo y sano, pero que no personifique exactamente su tipo de raza? ¿Estamos nosotros, como criadores y jueces, tentados a pedir los mismos atributos a todos los perros de exposición, independientemente de la raza?
El movimiento es una medida de la conformación de un perro. Si aceptamos los cambios actuales apenas perceptibles en el movimiento de un perro, podemos permitir gradualmente una modificación en el tipo de raza. De hecho, podemos contribuir a una situación en la que un lebrel afgano se mueva como un caniche y un caniche se mueva como un afgano. Si este es el caso, necesitamos una discusión seria sobre el movimiento típico en las pistas de exposiciones actuales.
Las funciones originales de muchas de nuestras razas se han vuelto obsoletas a medida que nuestras sociedades han pasado de ser rurales a urbanas. Si a esto le sumamos las presiones para alterar los estándares de las razas para criar perros "más sanos" -como si los estándares de las razas existentes fueran un impedimento para los perros sanos- y los "valores animalistas" emergentes que deprecian a los perros de raza pura, es posible que nos estemos distanciando del verdadero tipo de raza.
Cuando miramos al caniche hoy en día, casi nunca nos paramos a pensar cuál era la función de su largo pelaje mientras realizaba su función de cobrar la presa en agua helada: cuando las puntas del pelo se congelaban, el pelaje debajo formaba una capa aislante que mantenía al perro caliente. ; o que el arreglo del Caniche con los cuartos traseros recortados era parte del mantenimiento de la capacidad de la raza para funcionar del mismo modo que se ataba una cinta colorida al moño y la cola del perro para ayudar al cazador a ver a su perro en el campo.
El movimiento del Caniche también contribuyó a su utilidad como perro retriever: se esperaba que se moviera con el paso ligero y sin esfuerzo que continuaría, o debería continuar, siendo parte del tipo de raza del mismo en la actualidad.
Nadie espera que el Grifón de Bruselas o el Yorkshire Terrier cacen ratas en el entorno urbano actual. Aún así, seguramente esto no debería ser una justificación para cambiar su tipo de raza original. Tampoco esperamos que el Shar Pei funcione como un perro de pelea, pero esta no es razón por la que no deba tener suficientes pliegues de piel en sus hombros para permitirle girar si lo agarra un atacante.
En algunas razas, la función dicta el movimiento. En otros, hay una pequeña explicación lógica de por qué una raza debería moverse de cierta manera, excepto cuando el movimiento es parte de la herencia de la raza y merece reconocimiento.
Supongamos que la herencia del Fox Terrier (o su estándar, como lo hace el estadounidense en el caso del Smooth Fox Terrier) requiere que el perro mueva sus patas delanteras como el péndulo de un reloj. En ese caso, no hay razón por la que no debamos apreciar este movimiento cuando lo veamos, por raro que pueda ser hoy.
En el caso de las razas "Toy" y utilitarias "decorativas", la consideración del movimiento típico no debería ser menos importante. Pensamos en el Chin japonés como un perro delicado del que se esperaba que se moviera con un andar elegante, levantando las patas en alto... o en el Pinscher miniatura y en los Galgos italianos con su andar alto de Hackney, como exigen los estándares británicos y americanos.
Para los galgos italianos, los países continentales de la FCI solían tener el requisito exacto, hasta que el país de origen cambió abruptamente el estándar de la raza para exigir un movimiento "normal".
Por supuesto, usted tiene derecho a preguntar cómo se puede lograr esto sin cambiar la estructura frontal de la raza; muchos de nosotros lo hacemos, especialmente cuando nos preguntamos acerca de algunos de los cambios en los estándares de la raza para acomodar los caprichos del "país". de origen."
Aunque algunos de los estándares raciales elaborados por países donde la cría de "stocks" de pura raza, ha tenido una corta tradición pueden dejar mucho que desear, comparar los estándares británicos, estadounidenses y de la FCI es un ejercicio útil en algunos casos.
Tomemos como ejemplo el estándar maltés. El estándar británico exige libertad de movimiento, mientras que el estándar italiano original describe lo que esperamos de un típico maltés en movimiento: pasos rápidos y cortos que dan la impresión de que el perro se desliza hacia adelante con las patas apenas rozando el suelo.
O comparemos con los estándares del caniche: el francés advierte que el perro no debe cubrir demasiado terreno cuando se mueve, pero el americano exige una acción elástica, tal como lo hace el estándar del afgano, aunque el movimiento de las dos razas no podría ser más diferente. , con el Poodle bailando un vals por el ring al más puro estilo "Poodley" y el afgano moviéndose como si tuviera resortes bajo sus pies.
Las variaciones en el tipo de raza en los diferentes continentes también juegan un papel en nuestras expectativas de cómo debería moverse un ejemplar típico de una raza. Vemos Shih Tzus en algunas partes del mundo que se sentirían mucho más a gusto en el ring del Lhasa Apso, y viceversa. Oímos mucho sobre la controversia que rodea su movimiento (movimiento hacia arriba o no para los Lhasa, almohadillas completas para los Shih Tzu). Parece que se requiere mucha experiencia especial para evaluar el "movimiento alegre" del Lhasa cuando, de hecho, es un perro muy moderado, de constitución normal, que debería moverse con pies ligeros, sin esfuerzo como un caballo al trote. No ocurre lo mismo con el Shih Tzu más bajo y de cuerpo más pesado, cuya conformación (si es correcta) por sí sola dicta que no puede moverse con el mismo estilo que el Lhasa de patas más altas y forma diferente.
Con demasiada frecuencia, parecemos estar usando la misma vara para medir la calidad de un perro, y nos impresionamos demasiado fácilmente con el espectáculo llamativo y la presentación inteligente. Alguien observó una vez que, con demasiada frecuencia, creemos que un perro se mueve bien si cubre el terreno como un pastor alemán, va y viene como un beagle y, para colmo, tiene la línea superior del setter, la animación de un cocker spaniel y la actitud general de un caniche.
No importa si es un ejemplo típico de su raza, que personifica su estándar racial escrito y no escrito. No importa si su actitud es la de un perro de exposición completo, extrovertido y animado de ningún tipo de raza en particular, siempre que cumpla con los criterios generalmente aceptados de solidez... Sin duda, mantendrá contento al Consejo de Europa y evitará titulares alarmantes sobre razas de perros "insalubres" o "poco sólidas".
Pero esto debería hacer sonar las alarmas entre quienes trabajamos para mantener el tipo de raza verdadero y estamos convencidos de que no necesitamos tomar las recomendaciones a veces equivocadas del Consejo sobre "principios de crianza sólidos" al pie de la letra - y ciertamente no necesitamos tomar medidas precipitadas para cambiar nuestros estándares de raza hasta el extremo donde un Griffon de Bruselas podría transformarse de repente en un Border Terrier de pelo áspero y rojizo.
Puede ser útil observar el estándar del pequinés: "Marcha lenta, digna y ondulada hacia adelante. El movimiento típico no debe confundirse con un balanceo causado por la laxitud de los hombros. Acción cerrada detrás. Es esencial una solidez absoluta".
Un Basset Hound con un frente sano y torcido se moverá con soltura para su raza. Enderece las patas delanteras y obtendrá un perro poco sano con un cuerpo pesado colgando entre las patas delanteras en lugar de estar envuelto por ellas.
Un cuarto trasero bien construido pero típico de Chow Chow, lo suficientemente fuerte como para no doblarse, permitirá al perro moverse con su característico paso forzado, al igual que una construcción típica pero sólida permitirá al Puli moverse con una zancada que "no es de largo alcance. Galope corto. Movimiento típico de pasos cortos, muy rápido, en armonía con una disposición vivaz. Movimiento nunca pesado, letárgico o torpe".
Los requisitos de marcha de un buen número de razas no se ajustan a la concepción general de "perros sanos", bien angulados por delante y por detrás, que se mueven con un paso que cubre el terreno. No hay ninguna razón para que así sea a menos que nuestro objetivo sea la identidad del perro de exhibición.
No es suficiente que la mayoría de nuestros perros se muevan y a menudo se espera que se muevan de manera similar. También se espera que se muevan con la misma velocidad independientemente de la raza. ¿Sería un Rottweiler un mejor y más invencible defensor de su amo y su propiedad si se moviera con la misma agilidad que un Kelpie australiano, un pastor, corriendo sobre las espaldas de las ovejas en espacios reducidos si fuera necesario para realizar su función? ¿O sería el San Bernardo un mejor perro de rescate en los Alpes si corriera alrededor del ring con la misma naturalidad que un Saluki?
De hecho, muchas de las razas denominadas "rolling" se mueven alrededor del ring tan rápido que nunca tienen la oportunidad de mostrar su característico andar. Una vez más, puede resultar útil consultar algunos de los estándares de la raza.
El estándar del Bulldog establece: "Peculiarmente pesado y constreñido (andar), parece rozar el suelo, corre con uno u otro hombro bastante adelantado". O el Clumber Spaniel: "Marcha ondulante atribuible a un cuerpo largo y patas cortas". O el Old English Sheepdog: "Al caminar, exhibe un balanceo como el de un oso desde atrás..."
Para mencionar algunos ejemplos más de marcha típica: observe a los Cocker Spaniels y pregúntese con qué frecuencia muestran el típico movimiento bullicioso o a los Irish Water Spaniels, cuyo movimiento típico a menudo se describe como el de un marinero borracho.
Se dice que algunos Caniches y Spaniels se mueven tan rápido que sus patas traseras nunca tocan el suelo (sin mencionar que, hoy en día, casi nunca se ve el movimiento anticuado del Cocker Spaniel...).
Para ser justos, bastantes Terriers (y otros, en realidad) se mueven con una correa tan apretada que sus patas delanteras nunca tocan el suelo. "Colgar" perros con correas apretadas puede ser apropiado cuando hay algo incorrecto en el frente del perro y desea reducir el peso sobre él, con suerte mejorando el movimiento.
Esta práctica puede no causar ningún daño importante ya que sin duda llamará la atención del juez sobre el problema. Pero es lamentable que los perros con un excelente movimiento frontal nunca puedan demostrarlo en su beneficio. También es triste que muchas razas con correas apretadas muestren un porte de cabeza antinatural o atípico, ya que los cuidadores olvidan que el Deerhound o el Borzoi no tienen la misma silueta en el movimiento de perfil que el Afgano.
Sería fantástico poder compararlo con el husky siberiano, cuyo andar requerido es rápido y ligero. El Basset Hound, por su parte, fue criado originalmente para ser un perro de caza lento que permitiera al cazador seguirlo a pie sin dificultad; por lo tanto, no se debe esperar que un Basset con su movimiento auténtico y deliberado compita en velocidad con los Sighthounds del mismo grupo cuya función original y estilo de trabajo son completamente diferentes.
Nuevamente, compárelo con el sabueso francés más pequeño, el Basset Fauve de Bretagne. Su movimiento se diferencia del Basset Hound, más pesado y cercano al suelo, porque fue creado para trabajar en un terreno diferente en la densa oscuridad de Bretaña.
Con las razas de pelo largo , nosotros, como criadores, expositores y jueces, a menudo luchamos por equilibrar los requisitos del ring de exhibición de mantener el pelaje en las mejores condiciones con el requisito de mantener al perro bajo el mismo en óptimas condiciones físicas con el ejercicio adecuado.
A menudo, terminamos con perros flácidos con pelaje suelto o perros musculosos con pelaje roto cuando, de hecho, deberíamos buscar un punto medio. Una de las ironías de la vida es que algunos de los perros pelados que se mantienen en jaulas de alambre y corrales de ejercicio, como suele ocurrir en Estados Unidos, tienen músculos maravillosos. ¿Podría ser que se pasen los días saltando arriba y abajo en sus jaulas?
Lo mismo se aplica a otras formas de tecnología introducidas en el mundo de los perros de exposición. Necesitamos un punto medio entre las máquinas de ejercicio, las cintas de correr y otras formas de ejercicio. Algunos culpan al mal movimiento frontal del uso excesivo de cintas de correr; otros tienden a pensar que el ejercicio en cinta, si se usa en exceso, puede restringir el movimiento del perro al acortar su paso, lo que resulta en un andar peculiar hacia atrás.
En lugar de condenar rotundamente las cintas de correr, podría ser útil verla como una ayuda excelente para ejercitar a los perros en condiciones climáticas adversas, cuando el ejercicio al aire libre es imposible, y complementarlas con otras formas de ejercicio: caminar, andar en bicicleta o dejar que los perros galopen en el campo. . Sólo unos pocos pueden llegar tan lejos como un famoso Kennel de Galgos Afganos en los EE. UU. Los parques para perros incluyen un anillo en forma de L que sube y baja la colina, lo que obliga a los perros a girar y estirarse cuando galopan. Sin embargo, la versatilidad en el ejercicio garantizará que el perro utilice todos sus músculos al máximo y esté en óptimas condiciones.
Pero, volviendo al tema de este artículo, un perro, por muy musculoso y por muy bien que se mueva, es sólo un ejemplo típico de su raza si tiene un movimiento típico. Y si aceptamos pequeños cambios en el movimiento de una raza, aceptamos pequeños cambios en la conformación, proporciones y tipo de raza en general hasta que terminemos con un perro de exposición idéntico. (Y hablando de proporciones, ¿has notado cuántos de los perros de exposición actuales están perdiendo la longitud de sus patas?)
Comprender el movimiento armónico es importante, pero comprender el movimiento típico es esencial para preservar el tipo de raza.
Aprender a citar el estándar de la raza puede no ser suficiente porque, parafraseando al fallecido Tom Horner,
“Cualquier niño puede aprender a recitar el Padrenuestro, pero entenderlo llevará años”.
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