Anteriormente ya hablamos sobre qué es el síndrome de ansiedad por separación y cómo reconocer sus principales señales.
Ahora queremos profundizar un poco más en una pregunta que muchas familias se hacen cuando descubren que su perro lo pasa mal al quedarse solo:
¿Por qué le ocurre esto?
La respuesta no siempre es sencilla.
La ansiedad por separación no suele aparecer por una única causa ni puede explicarse simplemente diciendo que un perro está «demasiado apegado» a su familia. Se trata de un problema complejo en el que pueden intervenir factores individuales, experiencias previas, aprendizaje, cambios en el entorno y determinadas circunstancias que aumentan la vulnerabilidad del perro.Cada caso es diferente.
Dos perros pueden vivir una situación aparentemente similar y reaccionar de formas completamente distintas. Mientras uno puede adaptarse sin dificultad a quedarse solo, otro puede experimentar una intensa respuesta de ansiedad.
Por eso, comprender qué factores pueden estar detrás del problema es fundamental para evitar explicaciones simplistas y, sobre todo, para establecer un abordaje adecuado.
No existe una única causa
La ansiedad por separación es un problema multifactorial.
Esto significa que, en muchos casos, no podemos señalar un único acontecimiento y decir: «Aquí empezó todo». Con frecuencia existe una combinación de factores que, juntos, hacen que un perro tenga mayor predisposición a sufrir cuando se queda solo.
Podemos imaginarlo como una suma.
Un perro puede tener una mayor sensibilidad frente a determinadas situaciones. A esto pueden añadirse experiencias de inseguridad, cambios importantes en su vida o una dificultad para adaptarse a la soledad. Si, además, se producen cambios bruscos en su rutina, el problema puede hacerse más evidente.
Por eso, cuando valoramos un posible caso de ansiedad por separación, es importante mirar más allá del comportamiento que observamos al llegar a casa.
La pregunta no es únicamente qué hace el perro cuando se queda solo, sino también qué factores pueden haber influido en que esa situación se haya convertido en algo tan difícil para él.
1. La predisposición individual: cada perro es diferente
Al igual que ocurre con las personas, no todos los perros gestionan las emociones de la misma manera.
Hay perros más seguros, flexibles y capaces de adaptarse con facilidad a los cambios. Otros pueden ser más sensibles, más vigilantes o tener mayores dificultades para enfrentarse a situaciones nuevas o imprevisibles.
Esta forma de reaccionar ante el entorno puede influir en la manera en que un perro experimenta la soledad.
Algunos perros pueden tolerar perfectamente que su familia salga de casa durante varias horas. Otros, sin embargo, pueden comenzar a mostrar inquietud ante separaciones mucho más cortas.
Esto no significa que un perro sea «débil» ni que haya sido mal educado.
Significa que su capacidad individual para gestionar determinadas situaciones puede ser diferente.
El temperamento, la sensibilidad emocional y la capacidad de adaptación forman parte de esa individualidad.
Por este motivo, no existe una fórmula universal para prevenir o tratar la ansiedad por separación. Lo que funciona para un perro no tiene por qué funcionar necesariamente para otro.
2. Las experiencias durante las primeras etapas de vida
Las primeras experiencias pueden desempeñar un papel importante en el desarrollo emocional del perro.
Durante las primeras etapas de vida, los cachorros van descubriendo el mundo, aprendiendo a relacionarse con su entorno y desarrollando estrategias para enfrentarse a situaciones nuevas.
La forma en la que experimentan las separaciones, los cambios, las nuevas personas o los momentos de soledad puede influir en su capacidad posterior para tolerarlos.
Un cachorro necesita aprender, de forma progresiva y adaptada a su edad, que estar separado durante determinados momentos de sus figuras de referencia puede ser seguro.
Pero este aprendizaje no debe confundirse con dejar a un cachorro solo durante muchas horas para que «se acostumbre».
La capacidad para permanecer solo debe construirse poco a poco, teniendo en cuenta las necesidades físicas y emocionales del animal.
Una exposición demasiado intensa o demasiado brusca a una situación que genera miedo no siempre consigue que el perro se adapte. En algunos casos puede provocar precisamente lo contrario: aumentar su malestar.
También debemos tener en cuenta que no todos los perros tienen la misma historia.
Algunos pueden haber tenido experiencias previas de abandono, cambios frecuentes de hogar, periodos de inestabilidad o situaciones que hayan afectado a su sensación de seguridad.
Aunque no siempre podremos conocer todos los detalles de su pasado, especialmente en perros adoptados, esa historia puede ser relevante a la hora de comprender determinadas dificultades.
3. Los cambios importantes en la vida del perro
Los perros también pueden verse afectados por los grandes cambios.
Una mudanza.
La llegada o la pérdida de un miembro de la familia.
Un cambio de horarios.
La incorporación de una nueva mascota.
Una separación familiar.
Un cambio de trabajo.
El paso de una vida muy acompañada a largas jornadas de soledad.
Todos estos acontecimientos pueden modificar la rutina y la sensación de seguridad del perro.
En algunos casos, la ansiedad por separación puede comenzar después de uno de estos cambios.
No significa necesariamente que el acontecimiento, por sí solo, sea la causa directa del problema. Pero puede actuar como un factor desencadenante en un perro que ya tenía una determinada predisposición o dificultades para gestionar la incertidumbre.
Los perros son animales capaces de adaptarse, pero esa adaptación necesita tiempo.
Cuando los cambios son bruscos y se acumulan varios factores estresantes, la capacidad del perro para afrontarlos puede verse comprometida.
4. La pérdida de una figura de apego
Algunos perros pueden experimentar un importante cambio emocional tras la pérdida de una persona o de otro animal con el que mantenían un vínculo estrecho.
Una ausencia prolongada, un fallecimiento, una separación o un cambio en la convivencia pueden alterar profundamente su entorno.
Después de una experiencia así, algunos perros pueden mostrarse más dependientes de las personas que permanecen a su lado.
Pueden buscar constantemente su compañía, seguirlas por la casa o mostrar una mayor dificultad para quedarse solos.
En estos casos es importante no interpretar el comportamiento simplemente como «mimos» o «manipulación».
El perro puede estar intentando adaptarse a una situación nueva y a una pérdida importante dentro de su mundo.
5. Los cambios bruscos en la rutina
Este es uno de los factores que puede resultar especialmente relevante durante la vuelta de vacaciones.
Durante semanas, un perro puede pasar de tener una rutina relativamente estable a disfrutar de una presencia constante de su familia.
Más tiempo en casa.
Más paseos.
Más actividades juntos.
Más personas disponibles.
Menos horas de soledad.
Después, de forma repentina, llega septiembre y todo vuelve a cambiar.
Las jornadas laborales se recuperan, los niños vuelven al colegio y la casa pasa de estar llena de actividad a quedarse vacía durante varias horas.
Para muchos perros, esta transición no supone ningún problema.
Pero para otros, especialmente aquellos que ya habían mostrado dificultades anteriormente, el cambio puede convertirse en un factor que desencadene una recaída o agrave un problema que parecía controlado.
Por eso, siempre que sea posible, la vuelta a la rutina debería realizarse de forma progresiva.
No siempre podremos modificar nuestros horarios laborales, pero sí podemos prestar atención a cómo se está produciendo el cambio y observar si nuestro perro empieza a mostrar señales de malestar.
6. Una dificultad previa para aprender a quedarse solo
Algunos perros simplemente no han tenido la oportunidad de aprender, de forma adecuada y progresiva, a permanecer solos.
Esto no significa que sus familias hayan hecho algo mal de forma intencionada.
En ocasiones, las circunstancias hacen que el perro esté acompañado prácticamente durante todo el día. Puede ocurrir con personas que trabajan desde casa, durante periodos de vacaciones, bajas laborales o cambios temporales en la rutina familiar.
Mientras el perro no tiene que quedarse solo, el problema puede pasar desapercibido.
La dificultad aparece cuando, de repente, las circunstancias cambian.
El perro puede encontrarse ante una situación que nunca ha aprendido a gestionar.
Sin embargo, es importante insistir en algo: la falta de experiencia con la soledad no explica por sí sola todos los casos de ansiedad por separación.
Un perro puede haber estado acostumbrado a quedarse solo y desarrollar el problema posteriormente. Otro puede haber pasado mucho tiempo acompañado y adaptarse sin dificultad cuando empieza a permanecer solo.
Cada situación debe valorarse de forma individual.
7. El vínculo con la familia: una cuestión que debemos entender bien
Existe una creencia muy extendida: pensar que la ansiedad por separación aparece porque queremos demasiado a nuestro perro o porque le hemos dado «demasiada atención».
Esto no es correcto.
Un perro puede ser extremadamente cariñoso, disfrutar siguiendo a su familia por la casa y buscar constantemente su contacto sin padecer ansiedad por separación.
Del mismo modo, un perro con ansiedad por separación no ha desarrollado el problema simplemente porque su familia le haya dado demasiado cariño.
El afecto no causa ansiedad por separación.
El problema no es que exista un vínculo estrecho.
El problema aparece cuando la separación provoca una respuesta de angustia que el perro no es capaz de gestionar adecuadamente.
Por eso, intentar «solucionar» el problema ignorando al perro de forma generalizada o evitando cualquier muestra de cariño no es una respuesta adecuada.
El objetivo no debe ser romper el vínculo, sino ayudar al perro a desarrollar una mayor sensación de seguridad y una mejor capacidad para afrontar los momentos de ausencia.
8. La acumulación de estrés
A veces, el problema no aparece después de un único acontecimiento.
Puede ser el resultado de una acumulación de situaciones estresantes.
Cambios en la rutina.
Visitas.
Obras en casa.
Viajes.
Cambios de domicilio.
La llegada de un bebé.
Una nueva mascota.
Ruidos intensos.
Problemas de salud.
Cambios en la composición familiar.
Cuando un perro está sometido a varias situaciones que le generan malestar, su capacidad para afrontar otras dificultades puede verse reducida.
Es como si su capacidad de adaptación se fuera agotando.
En ese contexto, quedarse solo puede convertirse en la situación que hace visible un problema que hasta ese momento parecía controlado.
Por eso, cuando un perro comienza a mostrar signos de ansiedad, es importante analizar qué ha cambiado recientemente en su vida.
A veces, la respuesta está en detalles que inicialmente pueden parecer poco importantes.
9. Problemas de salud que pueden agravar la situación
No debemos olvidar que un cambio de comportamiento también puede estar relacionado con un problema médico.
El dolor, determinadas enfermedades o los cambios asociados al envejecimiento pueden afectar al bienestar y al comportamiento del perro.
Un animal que siente dolor o malestar puede mostrarse más inquieto, más sensible o tener mayores dificultades para relajarse.
Además, algunos perros mayores pueden experimentar cambios en sus capacidades sensoriales o cognitivas que hacen que determinadas situaciones, incluida la soledad, resulten más difíciles de gestionar.
Por eso, especialmente cuando un cambio de comportamiento aparece de forma repentina en un perro que anteriormente se quedaba solo sin problemas, es importante realizar una valoración veterinaria.
No debemos asumir automáticamente que todo comportamiento relacionado con la ansiedad tiene exclusivamente un origen emocional.
10. Las recaídas también pueden formar parte del proceso
Un perro que había mejorado no siempre está «curado para siempre».
En algunos casos, determinados cambios pueden provocar la reaparición de las señales.
Una mudanza.
Una modificación importante de horarios.
Una larga ausencia de sus propietarios.
Una enfermedad.
Un periodo de vacaciones con mucha compañía seguido de una vuelta brusca a la rutina.
Esto no significa necesariamente que todo el trabajo anterior haya sido inútil.
Puede significar que el perro está atravesando una nueva situación que supera temporalmente su capacidad de adaptación.
Las recaídas deben entenderse como una señal de que necesitamos revisar qué está ocurriendo y adaptar nuevamente el plan a las circunstancias actuales.
¿Qué circunstancias pueden empeorar la ansiedad por separación?
Además de los factores que pueden predisponer a la aparición del problema, existen determinadas situaciones que pueden aumentar su intensidad.
Entre ellas:
Aumentar de forma brusca el tiempo que el perro permanece solo.
Cambiar repentinamente los horarios habituales.
Dejar al perro solo durante periodos superiores a los que es capaz de tolerar emocionalmente.
Castigarle al volver a casa por comportamientos que ha realizado durante nuestra ausencia.
No identificar correctamente qué está provocando sus conductas.
Exponerle repetidamente a situaciones que desencadenan una intensa respuesta de pánico.
No tener en cuenta otros factores de estrés presentes en su vida.
Ignorar cambios repentinos de comportamiento que podrían estar relacionados con un problema de salud.
Uno de los errores más frecuentes es pensar que, si dejamos al perro solo cada vez más tiempo, terminará acostumbrándose.
Pero la exposición a una situación que genera una ansiedad intensa no siempre produce adaptación.
Si el perro entra repetidamente en un estado de miedo o pánico, el problema puede mantenerse o incluso empeorar.
Por eso, el abordaje debe ser progresivo y adaptado a la capacidad individual de cada animal.
Comprender el problema cambia la forma de ayudar
Cuando entendemos que la ansiedad por separación puede tener múltiples factores detrás, dejamos de buscar culpables.
No se trata de que el perro sea «demasiado dependiente».
No se trata de que la familia le haya dado demasiado cariño.
No se trata de una travesura.
Y tampoco todos los casos tienen el mismo origen.
Detrás de un perro que sufre cuando se queda solo puede haber una combinación de predisposición individual, experiencias previas, cambios importantes, dificultades para adaptarse a la soledad o circunstancias que han aumentado su nivel de estrés.
Por eso, cada caso necesita ser comprendido antes de ser abordado.
Observar qué ocurre, conocer la historia del perro y analizar los cambios que se han producido recientemente puede ayudarnos a entender mucho mejor el problema.
Y ese conocimiento es fundamental para poder ayudarle.
La ansiedad por separación no aparece porque sí
Aunque a veces no podamos identificar una única causa, siempre merece la pena preguntarnos qué factores pueden estar influyendo.
¿Ha habido cambios recientes?
¿Ha pasado de estar acompañado todo el día a quedarse solo varias horas?
¿Ha sufrido alguna pérdida?
¿Su comportamiento ha cambiado de forma repentina?
¿Existen otros factores de estrés?
¿Podría haber un problema de salud que esté influyendo?
Responder a estas preguntas puede ser el comienzo de un abordaje mucho más adecuado.
Porque entender por qué un perro puede estar sufriendo nos permite dejar de centrarnos únicamente en lo que hace y empezar a comprender lo que necesita.
Y cuando cambiamos nuestra forma de mirar el problema, también podemos cambiar nuestra forma de ayudarle.