La excelente reflexión de Josema Vallejo en sus redes sociales:
Lo haré citando un post de hace 6 años, un día como hoy:
Mi experiencia en accidentes de tráfico es que, sistemáticamente, se desprecia la atención a los animales que viajan en los vehículos siniestrados y que, a pesar de la publicidad institucional, no hay recursos para atenderlos y su asistencia queda al albur de que el guardia civil, el policía, bombero, etc. tenga voluntad de ayudar. (En redes se ven los casos de ayuda, pero no suele ocurrir)
Así que, te haces cargo del animal, pagas gastos y si, después, alguien de la familia paga, bien, si no, toca buscar adopción o lo que sea. Si tienes contactos con asociaciones pueden llegar a hacerse cargo, pero también están saturadas y es difícil. Con las Administración no cuentes, no está ni se la espera.
Pero no es la cuestión.
La cuestión es que suele decirse "a quién importa un animal si hay vidas humanas perdidas o en peligro"
La respuesta es: ¿Acaso es incompatible?
Si desgraciadamente las vidas humanas están perdidas, hay tiempo para ocuparse de otras vidas.
Si hay vidas humanas en riesgo, la asistencia sanitaria nada tiene que ver con la búsqueda y procura de asistencia veterinaria. Pueden atenderse ambas y por separado.
Pero lo realmente importante es que, para las víctimas, su perro o su gato, no solo forman parte de su familia, sino que son el único vínculo emocional que puede quedar después de una tragedia.
En este caso, había una familia destruida, solo quedaba una hija en su casa, que no sabía nada del accidente, y una perreta perdida.
¿A quién le importa una perra con la que hay aquí liada, Vallejo? Pues a mí, e imagino que, más que a mí, a la hija que espera en casa y a la que, en unas horas, iremos a decir que ya está sola en el mundo.
El operario, con nula empatía, dijo que "un perro había salido por ahí corriendo", al otro lo había metido en una bolsa y había pasado de él. Si hubiera llegado antes, ese otro perro no hubiera muerto, lo aseguro. (Esa es otra historia).
Bien; a bajo cero, con el campo lleno de barro y nieve, tardé casi una hora en encontrarla y de pura casualidad. Estaba escondida, aterrorizada y en hipotermia.
La cogí en brazos, la envolví en mi abrigo y la metí en la furgoneta con la calefacción. Resumiendo: conseguí asistencia y la pobre, que estaba peor de lo que parecía, sobrevivió.
Cuando conseguimos localizar a la hija, podéis suponer el impacto de la noticia y suponer también que no es una frivolidad haberle podido decir que, en la tragedia, al menos salvamos la vida de su perrita.
Teníais que haber visto su cara. Entre la desesperación, un mínimo anclaje emocional ante una de las peores situaciones que puede vivir una persona.
Rescatar a los animales es imprescindible.
-Porque toda vida es valiosa.
-Porque somos responsables de los más débiles.
-Porque ante situaciones de crisis emocional, las personas, los animales, e incluso las cosas, son anclajes emocionales que nos sujetan a la vida ante y contra la desesperación.
No voy a pedir un sistema veterinario de urgencias como hay para humanos, sé que a nadie le importa, aunque cualquiera que haya vivido situaciones con transporte de animales vivos sabe de sobra que es algo debería existir hace años. (Otra historia aún más larga y de terror).
Pero sí pediré un mínimo de empatía con los más indefensos porque, además de no ser incompatible la asistencia de humanos/animales, hay quién los espera en casa o quien, ante una tragedia así, solo podrá apoyarse en su animal.
Otra cuestión es la sensación de la persona que estaba a cargo del animal y que sentirá haber fallado, lo que se sumará a la carga psicológica y dificultará la recuperación del trauma.
Y no solo es Boro. Hay más, en esta tragedia y en otras. Y nadie se acuerda nunca de ellos.





